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	<title>Ciclo Basico &#187; Literatura</title>
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		<title>Rima I, Gustavo Adolfo Becquer</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Aug 2011 02:49:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof: Andrea Carabajal</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sin dudas que Gustavo Adolfo Becquer, ha sido un gran referente para la literatura mundial. Sus rimas han inspirado a una gran cantidad de poetas y enamorados que han aprendido sus rimas, en la actualidad los planes de educación han decidido que estas rimas sean analizas y permitir que los  <a href="http://ciclobasico.com/rima-i-gustavo-adolfo-becquer/" class="read-more">Más>></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ciclobasico.com/wp-content/uploads/2011/08/Rima-I-Gustavo-Adolfo-Becquer.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1522" title="Rima I, Gustavo Adolfo Becquer" src="http://ciclobasico.com/wp-content/uploads/2011/08/Rima-I-Gustavo-Adolfo-Becquer.jpg" alt="" width="342" height="385" /></a></p>
<p>Sin dudas que <strong>Gustavo Adolfo Becquer, </strong>ha sido un gran referente para la literatura mundial.<br />
Sus rimas han inspirado a una gran cantidad de<strong> poetas y enamorados</strong> que han aprendido sus rimas, en la actualidad los planes de educación han decidido que estas rimas sean analizas y permitir que los jóvenes puedan disfrutar de una literatura casi única, por ejemplo hoy te dejamos<strong> la rima I.</strong></p>
<p><strong>Poemas de Gustavo Adolfo Bécquer</strong><br />
<strong> Rima I</strong></p>
<p><strong></strong><br />
Yo sé un himno gigante y extraño<br />
que anuncia en la noche del alma una aurora,<br />
y estas páginas son de ese himno<br />
cadencias que el aire dilata en las sombras.</p>
<p>Yo quisiera escribirle, del hombre<br />
domando el rebelde, mezquino idioma,<br />
con palabras que fuesen a un tiempo<br />
suspiros y risas, colores y notas.</p>
<p>Pero en vano es luchar, que no hay cifra<br />
capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!,<br />
si, teniendo en mis manos las tuyas,<br />
pudiera, al oído, cantártelo a solas.</p>
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		<title>Cuento el Almohadón de Plumas</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2011 04:32:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof: Andrea Carabajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poemas de amor]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento el Almohadón de Plumas]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de amor]]></category>
		<category><![CDATA[horacio quiroga]]></category>
		<category><![CDATA[locura y de muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[El almohadón de plumas es un cuento, del año 1917 por el escritor Horacio Quiroga, en su trabajo Cuentos de amor, locura y muerte, se trata de un cuento que mezcla varios sentimientos como; la muerte, el miedo y la incapacidad de expresar ese amor. Sin dudas una obra magnifica  <a href="http://ciclobasico.com/cuento-el-almohadon-de-plumas/" class="read-more">Más>></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ciclobasico.com/wp-content/uploads/2011/07/Cuento-el-Almohadón-de-Plumas.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1460" title="Cuento el Almohadón de Plumas" src="http://ciclobasico.com/wp-content/uploads/2011/07/Cuento-el-Almohadón-de-Plumas.png" alt="" width="226" height="320" /></a></p>
<p><strong>El almohadón de plumas</strong> es un cuento, del año 1917 por el escritor <strong>Horacio Quiroga</strong>, en su trabajo <strong>Cuentos de amor, locura y muerte,</strong> se trata de un cuento que mezcla varios sentimientos como; la muerte, el miedo y la incapacidad de expresar ese amor.<br />
Sin dudas<strong> una obra</strong> magnifica a la cual hay que realizarle un<strong> análisis exhaustivo</strong> como el que le vamos a realizar próximamente.</p>
<p>Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.<br />
Durante tres meses —se habían casado en abril— vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.</p>
<p><span id="more-1459"></span><br />
La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso —frisos, columnas y estatuas de mármol— producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.<br />
En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.<br />
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.<br />
Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.<br />
—No sé —le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja—. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada.. . Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.<br />
Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pesos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.<br />
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.<br />
—¡Jordán! ¡Jordán! —clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.<br />
Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.<br />
—¡Soy yo, Alicia, soy yo!<br />
Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.<br />
Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.<br />
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.<br />
—Pst&#8230; —se encogió de hombros desalentado su médico—. Es un caso serio&#8230; poco hay que hacer&#8230;<br />
—¡Sólo eso me faltaba! —resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.<br />
Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.<br />
Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.<br />
Murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.<br />
—¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.<br />
Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.<br />
—Parecen picaduras —murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.<br />
—Levántelo a la luz —le dijo Jordán.<br />
La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.<br />
—¿Qué hay? —murmuró con la voz ronca.<br />
—Pesa mucho —articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.<br />
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandos: —sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.<br />
Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca —su trompa, mejor dicho— a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin dada su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.<br />
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.</p>
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		<title>Análisis de &#8220;La Hora&#8221; de Juana de Ibarborou</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Feb 2011 01:44:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof: Andrea Carabajal</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El poema &#8220;La hora &#8221; esta dividido en diez versos de dos estrofas cada uno dividido en dos momentos. PRIMERA ESTROFA El yo lirico se identifica con la naturaleza ,el uso del imperativo “tomame” es propio del estilo directo, el cual se utiliza en este poema. Con decir “aun es  <a href="http://ciclobasico.com/analisis-de-la-hora-de-juana-de-ibarborou/" class="read-more">Más>></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1456" title="juana-de-ibarbourou2" src="http://ciclobasico.com/wp-content/uploads/2011/02/juana-de-ibarbourou21.jpg" alt="" width="395" height="521" /></p>
<p>El poema &#8220;La hora &#8221; esta dividido en diez versos de dos estrofas cada uno dividido en dos momentos.</p>
<p>PRIMERA ESTROFA</p>
<p>El yo lirico se identifica con la naturaleza ,el uso del imperativo “tomame” es propio del estilo directo, el cual se utiliza en este poema. Con decir “aun es temprano” advierte la posibilidad de que se haga tarde, es decir, que se le valla la oportunidad, es una forma de presionarlo, apenas se denota, pero a lo largo del poema se hace mas visible su impaciencia. Las dalias nuevas se vinculan a la juventud del yo lirico, se identifican con la belleza, por lo que podemos decir que ella se siente identificada con lo bello, lo natural y lo joven en ese momento.</p>
<p>SEGUNDA ESTROFA</p>
<p>Se nombra nuevamente el verbo tómame, en imperativo, podemos apreciar a continuación una anáfora ya que en la estrofa anterior se nombró, pero no será la ultima vez en darse este recurso. Nuevamente utiliza el aún. Vemos una metonimia en el primer verso ya que dice que su cabello es joven, pero en realidad alude a todo, ella es totalmente joven, no solo por su cabello.</p>
<p>TERCERA ESTROFA</p>
<p>La estrofa comienza con la palabra ahora, palabra muy repetida a lo largo de esta obra y probablemente relacionada al titulo, y esta ausente el verbo &#8216;tomame&#8217; rompiendo la anáfora anterior, aunque mas avanzado el poema esta retorna, a esto se le llama elipsis, ya que se da por sobreentedido el &#8216;tomame&#8217;. El yo lirico esta apurado, y eso lo demuestra al ahorrar palabras, porque el tiempo se le va, por eso la ausencia del tómame. Vemos un polisíndeton, dicho recurso consiste en la reiteracion, en este caso de las &#8216;y&#8217; para crear un efecto de acumulación, esto también ayuda a acentuar la idea de apuro.  Compara su piel con la piel de rosa, una exprecion un tanto extraña, pero que tiene su punto de contacto en la suavidad asociada esta a su juventud. Al nombrar su carne olorosa le brinda un adjetivo no muy común en la carne, que ayuda a embellecer su propia imagen.</p>
<p>CUARTA ESTROFA<br />
Su pie calza cómodamente con la sandalia de la primavera, se podria hablar de una personificación de la primavera, pues solo una persona puede usar sandalias. Utilizar a la primavera tiene que ver con el vinculo que esta posee con el renacer de las cosas, con la belleza, con la juventud que ella posee y no desea desperdiciar.</p>
<p>QUINTA ESTROFA<br />
En esta estrofa nos habla de la libertad que se vive en la juventud en cuanto a lo social y cultural, no podemos olvidar en la etapa en que se escribió esta obra, una etapa en la que la mujer no tenia tantos derechos, y el sentido de libertad. Estamos frente a una metonimia, porque menciona solamente su risa pero en realidad alude a todo, toda ella esta contenta. Es evidente que ademas de este, utiliza otro recurso, el de la comparación, en la cual el elemento comparado es la risa, y el elemento comparante la campana sacudida de prisa</p>
<p>SEXTA ESTROFA<br />
El yo lírico se proyecta hacia el futuro de su presente joven, he inicia el segundo momento. Se encuentra preocupada, apurada, ella sabe que esa juventud acabara. Nos damos cuenta de esto cuando nos dice que &#8216;ya nada de eso mas tarde tendre&#8217;, ella quiere ser amada ahora que es joven. Siente lamento por el furuto de su vejez .El nerviosismo del yo lírico están dados tambien a efectos de apurar al receptor, o tu lirico en su decisión. Este “apuro” se nota en el uso de signos de exlamacion, que le agrega mas firmeza a la voz, y que es una estrofa que llama la atencion, pues su primer verso es notoriamente mas pequeño que el resto, lo que hace una lectura mas rapida, aunque se ve interrumpida por unos puntos suspensivos pues ella admite que aunque le duela ya no tendra su belleza y juventud, pero desconoce que es lo que tendra, esta puede ser una interpretación.</p>
<p>SEPTIMA ESTROFA<br />
El &#8216;entonces&#8217; alude con el futuro, con la vejez. El tono del poema cambia, con respecto a principio, el yo lirico piensa en el futuro y en sus consecuencia. Existe una comparación entre el deseo del amante y una ofrenda en un mausoleo, esto puede relacionarse a su deseo de difrutar en vida de las cosas.</p>
<p>OCTAVA ESTROFA<br />
Aquí se da por ultima ves la anáfora “tomame ahora”, retoma el tono imperativo remarcado esta vez por los signos de exclamación, retoma la imagen de flores, lo cual se vincula a la belleza, es un símbolo tambien de la fugacidad, una flor no dura mucho tiempo, ademas es un símbolo de belleza. El hecho de que esta vez las flores esten en la mano puede sugerir formalizar su amor con un casamiento, las flores en la mano las vería como un ramo de flores de esos que usan las novias.</p>
<p>NOVENA ESTROFA<br />
Repite su pedido y lo reafirma, diciendole que no puede esperar ni siquiera que sea mas tarde. Existe un paralelismo psicocosmico en cuanto a que ve la vejez como la noche, pues dice “antes que anochezca”. Para aumentar las consecuencias de una respuesta negativa, pone dos matices “mustia” y “fresca”, esto ayudaría a impresionar al amante y apurarlo en la toma de su decisión. En realidad no seria la corola la que se pondría mustia, sino que seria ella, y es ella quien esta fresca, joven.</p>
<p>DECIMA ESTROFA<br />
En esta ultima estrofa se nota al máximo el desespero del yo lírico por forjar la respuesta, vemos una anasfora en hoy, la cual se había repetido en la estrofa anterior. Nombra al amante, es obvio que se dirige a el, él ha sido su tu lirico desde el comienzo de la obra, pero lo nombra aunque sea obvio para llamarle la atención, y termina con una pregunta, que le advierte la proximidad de su vejez, lo termina con una imagen como para convencerlo, un ultimo argumento antes de terminar la obra.</p>
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		<title>La hora de Juana de Ibarborou</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Feb 2011 01:44:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof: Andrea Carabajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poemas de amor]]></category>
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		<description><![CDATA[Tómame ahora que aún es temprano y que llevo dalias nuevas en la mano. Tómame ahora que aún es sombría esta taciturna cabellera mía. Ahora que tengo la carne olorosa y los ojos limpios y la piel de rosa. Ahora que calza mi planta ligera la sandalia viva de la  <a href="http://ciclobasico.com/la-hora-de-juana-de-ibarborou/" class="read-more">Más>></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1452" title="juana-de-ibarbourou2" src="http://ciclobasico.com/wp-content/uploads/2011/02/juana-de-ibarbourou2.jpg" alt="" width="395" height="521" /></p>
<p>Tómame ahora que aún es temprano<br />
y que llevo dalias nuevas en la mano.</p>
<p>Tómame ahora que aún es sombría<br />
esta taciturna cabellera mía.</p>
<p>Ahora que tengo la carne olorosa<br />
y los ojos limpios y la piel de rosa.</p>
<p>Ahora que calza mi planta ligera<br />
la sandalia viva de la primavera.</p>
<p>Ahora que en mis labios repica la risa<br />
como una campana sacudida aprisa.</p>
<p>Después&#8230;, ¡ah, yo sé<br />
que ya nada de eso más tarde tendré!</p>
<p>Que entonces inútil será tu deseo,<br />
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.</p>
<p>¡Tómame ahora que aún es temprano<br />
y que tengo rica de nardos la mano!</p>
<p>Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca<br />
y se vuelva mustia la corola fresca.</p>
<p>Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿no ves<br />
que la enredadera crecerá ciprés?</p>
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		<title>La Vela Puerca</title>
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		<pubDate>Fri, 22 May 2009 18:50:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof: Andrea Carabajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Interes general]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[a contra luz]]></category>
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		<category><![CDATA[zafar]]></category>

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		<description><![CDATA[ZAFAR (En Español) Soy de la ciudad con todo lo que ves Con su ruido, con su gente, consume vejez Y no puedo evitar, el humo que entra hoy Pero igual sigo creciendo, soy otro carbón No voy a imaginar, la pena en los demás Compro aire y si es  <a href="http://ciclobasico.com/la-vela-puerca/" class="read-more">Más>></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1><strong><span style="color: #ff0000;"> ZAFAR </span></strong> <span style="color: #ff0000;">(En Español)</span></h1>
<h3>Soy de la ciudad con todo lo que ves</h3>
<h3>Con su ruido, con su gente, consume vejez</h3>
<h3>Y no puedo evitar, el humo que entra hoy</h3>
<h3>Pero igual sigo creciendo, soy otro carbón</h3>
<h3>No voy a imaginar, la pena en los demás</h3>
<h3>Compro aire y si es puro, pago mucho más</h3>
<h3>No voy a tolerar, que ya no tengan fe</h3>
<h3>Que se bajen los brazos, que no haya lucidez.</h3>
<h3>Me voy, volando por ahí</h3>
<h3>Y estoy, convencido de ir</h3>
<h3>Me voy, silbando y sin rencor</h3>
<h3>Y estoy, zafando del olor.</h3>
<h3>Me encontré con la gente, que sabe valorar</h3>
<h3>Que de turista en la capital, han sabido vagar/Y no ha encarado al fin la cruda realidad</h3>
<h3>De respirar hollín, de llorar alquitrán</h3>
<h3>Y empiezo a envejecer, sudando mi verdad</h3>
<h3>Criado pa´ toser, con mucha variedad</h3>
<h3>Y adonde ir a para, cargando con mi olor</h3>
<h3>Deberíamos andar desnudos pa´ sentirnos mejor.</h3>
<h3>Me voy, volando por ahí</h3>
<h3>Y estoy, convencido de ir</h3>
<h3>Me voy, silbando y sin rencor</h3>
<h3>Y estoy, zafando del olor.</h3>
<p>Album a Contraluz 2004</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="la vela puerca" src="http://i730.photobucket.com/albums/ww302/andrea7074/La_Vela_Puerca_A_Contraluz_Front.jpg" alt="" width="320" height="320" /></p>
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		<title>CARTAS LITERARIAS A UNA MUJER</title>
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		<pubDate>Tue, 19 May 2009 18:29:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof: Andrea Carabajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[cartas]]></category>
		<category><![CDATA[literarias]]></category>
		<category><![CDATA[mujer]]></category>
		<category><![CDATA[que es la poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[CARTA I En una ocasión me preguntaste:-¿Qué es la poesía? ¿Te acuerdas? No sé a qué propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella. -¿Qué es la poesía? -me dijiste. Yo, que no soy muy fuerte en esto de las definiciones te respondí titubeando: -La poesía  <a href="http://ciclobasico.com/cartas-literarias-a-una-mujer/" class="read-more">Más>></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size: xx-small;">CARTA I</span></p>
<blockquote><p>En una ocasión me preguntaste:-¿Qué es la poesía?</p>
<p>¿Te acuerdas? No sé a qué propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella.</p>
<p>-¿Qué es la poesía? -me dijiste.</p>
<p>Yo, que no soy muy fuerte en esto de las definiciones te respondí titubeando:</p>
<p>-La poesía es&#8230;, es&#8230;</p>
<p>Sin concluir la frase, buscaba inútilmente en mi memoria un término de comparación, que no acertaba a encontrar.</p>
<p>Tú habías adelantado un poco la cabeza para escuchar mejor mis palabras; los negros rizos de tus cabellos, esos cabellos que tan bien sabes dejar a su antojo sombrear tu frente, con un abandono tan artístico, pendían de tu sien y bajaban rozando tu mejilla hasta descansar en tu seno; en tus pupilas húmedas y azules como el cielo de la noche brillaba un punto de luz, y tus labios se entreabrían ligeramente al impulso de una respiración perfumada y suave.</p>
<p>Mis ojos, que, a efecto sin duda de la turbación que experimentaba, habían errado un instante sin fijarse en ningún sitio, se volvieron entonces instintivamente hacia los tuyos, y exclamé, al fin:</p>
<p>-¡La poesía&#8230;, la poesía eres tú!</p>
<p>¿Te acuerdas? Yo aún tengo presente el gracioso ceño de curiosidad burlada, el acento mezclado de pasión y amargura con que me dijiste:</p>
<p>-¿Crees que mi pregunta sólo es hija de una vana curiosidad de mujer? Te equivocas. Yo deseo saber lo que es la poesía, porque deseo pensar lo que tú piensas, hablar de lo que tú hablas, sentir con lo que tú sientes; penetrar, por último, en ese misterioso santuario en donde a veces se refugia tu alma y cuyo umbral no puede traspasar la mía.</p>
<p>Cuando llegaba a este punto se interrumpió nuestro diálogo. Ya sabes por qué. Algunos días han transcurrido. Ni tú ni yo lo hemos vuelto a renovar, y, sin embargo, por mi parte no he dejado de pensar en él. Tú creíste, sin duda, que la frase con que contesté a tu extraña interrogación equivalía a una evasiva galante.</p>
<p>¿Por qué no hablar con franqueza? En aquel momento di aquella definición porque la sentí, sin saber siquiera si decía un disparate. Después lo he pensado mejor, y no dudo al repetirlo; la poesía eres tú. ¿Te sonríes? Tanto peor para los dos. Tu incredulidad nos va a costar: a ti, el trabajo de leer un libro, y a mí, el de componerlo.</p>
<p>¡Un libro! -exclamas, palideciendo y dejando escapar de tus manos esta carta-. No te asustes. Tú lo sabes bien: un libro mío no puede ser muy largo. Erudito, sospecho que tampoco. Insulso, tal vez; mas para ti, escribiéndolo yo, presumo que no lo será, y para ti lo escribo.</p>
<p>Sobre la poesía no ha dicha nada casi ningún poeta; pero, en cambio, hay bastante papel emborronado por muchos que no lo son.</p>
<p>El que la siente se apodera de una idea, la envuelve en una forma, la arroja en el estudio del saber, y pasa. Los críticos se lanzan entonces sobre esa forma, la examinan, la disecan y creen haberla entendido cuando han hecho su análisis.</p>
<p>La disección podrá revelar el mecanismo del cuerpo humano; pero los fenómenos del alma, el secreto de la vida, ¿cómo se estudian en un cadáver?</p>
<p>No obstante, sobre la poesía se han dado reglas, se han atestado infinidad de volúmenes, se enseña en las universidades, se discute en los círculos literarios y se explica en los ateneos.</p>
<p>No te extrañes. Un sabio alemán ha tenido la humorada de reducir a notas y encerrar en las cinco líneas de una pauta el misterioso lenguaje de los ruiseñores. Yo, si he de decir la verdad, todavía ignoro qué es lo que voy a hacer; así es que no puedo anunciártelo anticipadamente.</p>
<p>Sólo te diré, para tranquilizarte, que no te inundaré en ese diluvio de términos que pudiéramos llamar facultativos, ni te citaré autores que no conozco, ni sentencias en idiomas que ninguno de los dos entendemos.</p>
<p>Antes de ahora te lo he dicho. Yo nada sé, nada he estudiado; he leído un poco, he sentido bastante y he pensado mucho, aunque no acertaré a decir si bien o mal. Como sólo de lo que he sentido y he pensado he de hablarte, te bastará sentir y pensar para comprenderme.</p>
<p>Herejías históricas, filosóficas y literarias, presiento que voy a decirte muchas. No importa. Yo no pretendo enseñar a nadie, ni erigirme en autoridad, ni hacer que mi libro se me declare de texto.</p>
<p>Quiero hablarte un poco de literatura, siquiera no sea más que por satisfacer un capricho tuyo, quiero decirte lo que sé de una manera intuitiva, comunicarte mi opinión y tener al menos el gusto de saber que, si nos equivocamos, nos equivocamos los dos; lo cual, dicho sea de paso, para nosotros equivale a acertar.</p>
<p>La poesía eres tú, te he dicho, porque la poesía es el sentimiento, y el sentimiento es la mujer.</p>
<p>La poesía eres tú, porque esa vaga aspiración a lo bello que la caracteriza, y que es una facultad de la inteligencia en el hombre, en ti pudiera decirse que es un instinto.</p>
<p>La poesía eres tú, porque el sentimiento, que en nosotros es un fenómeno accidental y pasa como una ráfaga de aire, se halla tan íntimamente unido a tu organización especial que constituye una parte de ti misma.</p>
<p>Ultimamente la poesía eres tú, porque tú eres el foco de donde parten sus rayos.</p>
<p>El genio verdadero tiene algunos atributos extraordinarios, que Balzac llama femeninos, y que, efectivamente, lo son. En la escala de la inteligencia del poeta hay notas que pertenecen a la de la mujer, y éstas son las que expresan la ternura, la pasión y el sentimiento. Yo no sé por qué los poetas y las mujeres no se entienden mejor entre sí. Su manera de sentir tiene tantos puntos de contacto&#8230; Quizá por eso&#8230; Pero dejemos digresiones y volvamos al asunto.</p>
<p>Decíamos ¡Ah, sí, hablábamos de la poesía!</p>
<p>La poesía es en el hombre una cualidad puramente del espíritu; reside en su alma, vive con la vida incorpórea de la idea, y para revelarla necesita darle una forma. Por eso la escribe. En la mujer, sin embargo, la poesía está como encarnada en su ser; su aspiración, sus presentimientos, sus pasiones y Destino son poesía: vive, respira, se mueve en una indefinible atmósfera de idealismo que se desprende de ella, como un fluido luminoso y magnético; es, en una palabra, el verbo poético hecho carne.</p>
<p>Sin embargo, a la mujer se la acusa vulgarmente de prosaísmo. No es extraño; en la mujer es poesía casi todo lo que piensa, pero muy poco de lo que habla. La razón, yo la adivino, y tú la sabes. Quizá cuanto te he dicho lo habrás encontrado confuso y vago. Tampoco debe maravillarte. La poesía es al saber de la Humanidad lo que el amor a las otras pasiones. El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.</p>
<p>La ambición, la envidia, la avaricia, todas las demás pasiones, tienen su explicación y aun su objeto, menos la que fecundiza el sentimiento y lo alimenta.</p>
<p>Yo, sin embargo, la comprendo; la comprendo por medio de una revelación intensa, confusa e inexplicable.</p>
<p>Deja esta carta, cierra tus ojos al mundo exterior que te rodea, vuélvelos a tu alma, presta atención a los confusos rumores que se elevan de ella, y acaso la comprenderás como yo.</p></blockquote>
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		<title>Gustavo Bécquer</title>
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		<pubDate>Tue, 19 May 2009 18:20:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof: Andrea Carabajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Becquer]]></category>
		<category><![CDATA[rimas y leyendas]]></category>

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		<description><![CDATA[Gustavo Adolfo Domínguez Bastida; Poeta Español Nacio en Sevilla,en el año 1836 y muere en Madrid, en 1870 . Hijo y hermano de pintores, quedó huérfano a los diez años y vivió su infancia y su adolescencia en Sevilla, donde estudió humanidades y pintura. En 1854 se trasladó a Madrid,  <a href="http://ciclobasico.com/gustavo-becquer/" class="read-more">Más>></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="alignnone" title="becquer" src="http://i730.photobucket.com/albums/ww302/andrea7074/becquer.jpg" alt="" width="340" height="256" /></p>
<p>Gustavo Adolfo Domínguez Bastida; Poeta Español Nacio en Sevilla,en el año 1836 y muere en Madrid, en 1870 . Hijo y hermano de pintores, quedó huérfano a los diez años y vivió su infancia y su adolescencia en Sevilla, donde estudió humanidades y pintura.</p>
<p class="biog">En 1854 se trasladó a Madrid, con la intención de hacer carrera literaria. Pero su ambicioso proyecto de escribir una <em>Historia de los templos de España</em> fracaso,  sólo consiguió publicar un tomo, años más tarde. Para poder vivir hubo de dedicarse al periodismo y hacer adaptaciones de obras de teatro extranjero,  en colaboración con su amigo Luis García Luna, adoptando ambos el seudónimo de «Adolfo García».</p>
<p class="biog">Durante una estancia en Sevilla en 1858, estuvo nueve meses en cama a causa de una enfermedad; probablemente se trataba de tuberculosis o sifilis. Durante la convalecencia, en la que fue cuidado por su hermano Valeriano, publicó su primera leyenda, <em>El caudillo de las manos rojas</em>, y conoció a Julia Espín, según algunos  críticos la musa de algunas de sus <em>Rimas</em>, aunque otros sostienen que se trataba de Elisa Guillén, con quien el poeta mantuvo relaciones hasta que ella lo abandonó en 1860, y que inspira sin duda las composiciones más amargas del poeta.</p>
<p class="biog">En 1861 contrajo matrimonio con Casta Esteban, hija de un médico, con la que tuvo tres hijos. El matrimonio nunca fue feliz, y el poeta se refugió en su trabajo o en la compañía de su hermano Valeriano .</p>
<p class="biog">La etapa más fructífera de su carrera fue de 1861 a 1865, años en los que compuso la mayor parte de sus Leyendas, escribió crónicas periodísticas y redactó las <em>Cartas literarias a una mujer</em>, donde expone sus teorías sobre la poesía y el amor.  Pasó una temporada en el monasterio de Veruela en 1864 le inspiró <em>Cartas desde mi celda</em>, un conjunto de hermosas descripciones paisajísticas.</p>
<p class="biog">Económicamente las cosas mejoraron para el poeta a partir de 1866, en que obtuvo el empleo de censor oficial de novelas, lo cual le permitió dejar sus crónicas periodísticas y concentrarse en sus <em>Leyendas</em> y sus <em>Rimas</em>, publicadas en parte en El museo universal. Pero con la revolución de 1868, el poeta perdió su trabajo, y su esposa lo abandonó ese mismo año.</p>
<p class="biog">Se trasladó entonces a Toledo con su hermano Valeriano, y allí acabó de reconstruir el manuscrito de las <em>Rimas</em>, cuyo primer original había desaparecido cuando su casa fue saqueada durante la revolución septembrina. De nuevo en Madrid, fue nombrado director de la revista La Ilustración de Madrid, en la que también trabajó su hermano como dibujante.</p>
<p class="biog">El fallecimiento de éste, en septiembre de 1870, deprimió extraordinariamente al poeta, quien, presintiendo su propia muerte, entregó a su amigo Narciso Campillo sus originales para que se hiciese cargo de ellos tras su óbito, que ocurriría tres meses después del de Valeriano.</p>
<p class="biog"><strong>La obra de Gustavo Adolfo Bécquer </strong></p>
<p class="biog">La inmensa fama literaria de Bécquer se basa en sus <em>Rimas</em>, que iniciaron la corriente romántica de poesía intimista . La crítica literaria del momento, sin embargo, no acogió bien sus poemas, aunque su fama no dejaría de crecer en los años siguientes.</p>
<p class="biog">Las <em>Rimas</em>, tal y como han llegado hasta nosotros, suman un total de ochenta y seis composiciones. De ellas, setenta y nueve se publicaron por vez primera en 1871 a cargo de los amigos del poeta, que introdujeron algunas correcciones en el texto, suprimieron algunos poemas y alteraron el orden del manuscrito original (el mencionado Libro de los gorriones, hoy custodiado en la Biblioteca Nacional de Madrid). El contenido de las rimas ha sido dividido en cuatro grupos: el primero (rimas I a XI) es una reflexión sobre la poesía y la creación literaria; el segundo (XII a XXIX), trata del amor y de sus efectos en el alma del poeta; el tercero (XXX a LI) pasa a la decepción y el desengaño que el amor causa en el alma del poeta; y el cuarto (LII a LXXXVI) muestra al poeta enfrentado a la muerte, decepcionado del amor y del mundo. Las <em>Rimas</em> se presentan habitualmente precedidas de la &#8220;Introducción sinfónica&#8221; que, probablemente, Bécquer preparó como prólogo a toda su obra.</p>
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